Si mirásemos Nueva York desde el cielo, veríamos que Manhattan es un brazo alargado y afilado, que atraviesa sin contemplaciones el dañado corazón del Bronx. El visitante, al llegar al distrito, lo hace desde el sur, aterrizando en barrios donde la delincuencia, las bandas callejeras, las drogas y la inestabilidad social han marcado de por vida un paisaje difícil de recuperar. La zona huele a cansancio, desgaste y depresión. Allí, un colegio recibe a alumnos armados, y los esconde del mundo mediante ventanas llenas de rejas. La pobreza no se ve, pero se atisba. El peligro se esconde, y adopta forma de vacío y ausencia de vida en las calles. La sangre y el grito descansan de día, guardando fuerzas para la noche. El Bronx, a simple vista, no parece más peligroso que otras ciudades conflictivas, pero su forma de retener el aire es difícil de explicar.
Dentro del paisaje, las áreas de beneficiencia toman capital importancia. La pobreza y la falta de oportunidades ha llevado a muchas mujeres a recurrir a la ayuda social para salir adelante. Son enormes las colas para obtener comida, ropa o limosna. El problema va más allá, y acaba en una diabólica espiral en la que las jóvenes son obligadas por sus madres a tener hijos para recibir más ayudas, renunciando éstas a trabajar para no perder la beneficiencia. Esto también es Nueva York.
Explicó el guía que el Estado se muestra tan comprensivo como contundente al enfrentarse a la delincuencia en este área. Organiza programas de reinsención social con el mismo rigor que usa sus armas para aplastar a las bandas callejeras. Afirmó, sin inmutarse, que "Si unos delincuentes secuestran un edificio, el Estado enviará a la policía. Si la policía fracasa, enviará a los SWAT. Si los SWAT no son suficientes, enviará a la guardia nacional. Y si ésta tampoco lo es, enviará un F16 para que vuele el edificio. Nada, absolutamente nada, es más fuerte que el Estado" Esto es literal. Éste es el frío e implacable concepto americano de la seguridad. El Estado por encima del individuo. Y al que no le guste, que no mire. Difícil de asimilar, lo sé.
El Br
Inesperadamente
, el Bronx se convirtió en un gigantesco museo, en el que las paredes eran lienzos, y los murales, obras de culto. Así, llegamos al impresionante Graffiti dedicado a Big Punisher, un legendario rapero de origen portorriqueño, exponente máximo de la cultura más arraigada del distrito. El Bronx es la calle pura y dura, desprotegida de maquillaje, y entregada en manos de bandas violentas. Allí, la ley la marca la fuerza. Big Pun no es sólo adorado por ser un formidable rapero. El orondo artista creció en la calle, y bebió de ella antes de cantar. El mural que le recuerda está en un punto donde las vías del tren recorren el aire, y donde los cables de luz están llenos de zapatillas, símbolos de humillación para aquellos que caen en manos de una banda rival.El autocar avanzaba, para salir del Bronx, acariciando un asfalto lastrado por demasiadas cicatrices. La voz del guía, lejana, nos habló de un joven africano que murió tiroteado en plena calle. La policía bu
scaba a un violador; él estaba en el sitio equivocado, echó a correr y perdió la vida tras recibir 41 disparos. Llevaba unos pocos días en la ciudad. Fue en busca de un sueño, y le arrancaron la luz y la existencia. Por los siglos de los siglos. Amén."...41 shots....and we'll take that ride. Cross this bloody river to the other side..."
Ángel

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